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En 1883 colabora con Lo Rat Penat en su almanaque con una narración
en valenciano, La torre de Boatella, y en 1884, lo hace con la
narración, Fatimah, 1884.
El novelista cosmopolita. A la edad de dieciseis años, se matricula
en la Facultad de Derecho en la universidad de Valencia, en la cual se
licenció en derecho en 1888.
Se inició como periodista en las páginas de una publicación
antimonárquica "La Bandera Federal", semanario distribuido gratis en
la Nación Valenciana y fundado por el propio
Blasco en 1889, cuando contaba veintidós años. Se trataba de una publicación del republicanismo federal más radicalizado.
En 1890 viaja a París, poniéndose en contacto con la narrativa
francesa del naturalismo.
Posteriormente, el 12 de noviembre de 1894, fundó el diario, 'El
Pueblo', "diario republicano de la mañana . Allí, durante años,
publicó cientos de artículos, utilizando este diario a
menudo como plataforma para sus ideologías políticas. Por otra
parte, la censura de la Restauración, secuestró el periódico y le
llevó a comparecer en sucesivos consejos de
guerra. Uno de ellos le llevó a la prisión de San Gregorio, viejo
convento del centro de Valencia.
Su etapa más valenciana, 1894-1898, fue la más rica en artículos y
la más comprometida. Dedica entonces toda su energía, que era mucha,
al republicanismo federal
revolucionario. Llegó a crear su propio partido, Partido de Unión
Republicana Autonomista, y que perduró hasta la guerra civil. La
corriente llamada, "Basquismo", fue el sector más
vivo del republicanismo valenciano de la época.
En 1896, fue arrestado por sus actividades políticas y condenado a
dos años de trabajos forzados.
Posteriormente, entre 1898-1907, fue diputado en las Cortes en el
Parlamento Español, por el Partido Republicano.
Su prestigio como orador, más mitinero que parlamentario, fue
creciendo, así como su fama de escritor y periodista.
En 1910, abandona España y confiesa. "Yo nunca he sido un político
al uso. Yo he sido un agitador, un romántico, y lo seguiré siendo".
A finales de octubre de 1919 se embarca rumbo a Nueva York, en
compañía de Elena Ortúzar, gran dama chilena y su amante de muchos
años, y comienza una exitosa gira . La
fogosidad expresiva de Blasco convenció al público. Recorrió
triunfante todo el país, como no lo había hecho nunca ningún
escritor valenciano, español ni europeo.
En Los Ángeles trató con los directivos de la MGM proyectos para el
cine. El primero fue la superproducción, Los cuatro jinetes, con
Rodolfo Valentino como protagonista. Después
vinieron más películas, siempre melodramáticas, como era el gusto
popular de la época, cabe destacar, Sangre y arena, con Rodolfo
Valentino, o Entre naranjos, con Greta Garbo.
Desde Estados Unidos, hizo una visita a México, donde conoció bien
al presidente Venustiano Carranza y los conflictos y miserias de los
años de la revolución, de esto resultaría
una serie de artículos para el New York Times, y un libro titulado,
El militarismo mejicano, que hizo muy poca gracia a los aludidos.
De vuelta a casa le obsequiaron con una semana de homenajes, en la
cual, el alcalde de Valencia, en una proclama decía, “Vuelve como un
héroe de la Antigüedad, aclamado por
todos los pueblos, investido con los trofeos de la más fulminante
victoria que el mundo ha dispensado a un literato valenciano”.
A pesar de estar presente en la llamada, Generación del 98, nunca
estuvo incluido en ella.
Después de pasar por Cuba, con más convites y homenajes, Blasco
Ibáñez regresa a Francia, a Niza, en el verano de 1920.
En 1924., un grupo de exiliados de Primo de Rivera lo
convencieron
de que era necesario intervenir con la palabra y con la pluma.
Publicó el panfleto, Una nación secuestrada, que
fue distribuido clandestinamente por toda España. A causa de ello,
hubieron campañas de difamación contra Él en la prensa española,
además de algunas medidas de
persecución oficial; la policía registró su domicilio familiar en
Valencia, detuvieron a su hijo Sigfrido, decretaron el secuestro de
sus bienes y la desaparición de todo signo público
con el nombre del novelista.
Poco después moría su mujer, y tampoco acudió al funeral. Hacía años
que no mantenía ningún tipo de relación con ella, puesto que en un
principio vivió continuas aventuras y
después mantuvo una abierta relación con Elena Ortúzar.
Más tarde con el folleto, Lo que será la República Española, una
especie de testamento ideológico, cerró definitivamente su ciclo
dedicado a la política.
A finales de 1927 pasó unos días en París, para participar en un
homenaje a Victor Hugo (“Yo declaro que siento por él una adoración
casi mística”, afirmó).
En Fontana Rosa, el nombre de su finca en Menton-Garavan, cerca de
Montecarlo, Blasco encontró por fin el lugar perfecto para
instalarse definitivamente, era una villa enorme,
además compró la casa vecina, amplió el parque, construyó una
biblioteca, un pabellón como cine privado, casas para los
jardineros, un enorme jardín con rosales y naranjos que le
enviaban desde Valencia, los azulejos para recubrir bancos y
columnas eran de Manises, las pérgolas, las balsas y las peceras, el
invernadero, era como si hubiera querido
reproducir una parte de su Valencia natal. Allí pasó los años que le
quedaban de vida paseando por el jardín y escribiendo muchas horas
al día. Su salud no era buena, era
diabético, y perdía progresivamente el vigor y la vista. Poco a poco
dejó de escribir personalmente y dictaba cartas y textos a un
secretario, hecho que también se refleja, en la
mayor corrección de las últimas novelas.
Imaginó dos proyectos fantásticos; una Academia de la Novela,
que
pensó dotar con dos millones de pesetas de la época, una cantidad
impresionante, es decir, un jurado
permanente y bien remunerado que otorgaría cada año un, Premio
Blasco Ibáñez. Y segundo, la cesión de Fontana Rosa y del parque
como una especie de residencia de
vacaciones para escritores viejos o pobres, el 'Jardín de los
Novelistas'.
Organizó manifestaciones políticas, como las que realizó en contra
de los gobiernos de Sagasta y Cánovas y de la guerra cubana.
Fue el novelista más popular y exitoso, comercialmente hablando, de
su época.
Con frecuencia, los críticos literarios han nombrado a Blasco Ibáñez,
«el Zola español» por las tendencias naturalistas de las obras de su
primera época, consecuencia de su viaje a
París en 1890.
En la Nación Valenciana, creó varias editoriales, como Sempere o
Prometeo, a través de las cuales hizo una importante tarea de
divulgación cultural entre el pueblo valenciano.
Colaboró en más de cien periódicos.
Debilitado y enfermo, soportó la vida social que, en la Costa Azul o
en París, le imponía Elena Ortúzar, con quien por fin, ya viudo, se
pudo casar.
Murió, tras un delirio en el cual dijo estas palabras: "¡Es
Víctor
Hugo! Que pase, que pase. Mi jardín…,mi jardín…"
Proclamada la República, la Marina española trajo su cadáver al Grao
Valenciano, en octubre de 1933, en un acorazado de guerra, que
escoltaron desde Francia dos destructores.
Una multitud nunca reunida en Valencia tardó cuatro horas en
recorrer los cuatro kilómetros del puerto al cementerio civil.
"Quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de
Valencia, que es el amor de mis amores".
Obra.:
Sus novelas, que contienen descripciones vivas y realistas de la
vida en su Valencia natal, adquirieron una fama sin igual, tanto
dentro como fuera de Valencia y España.
Ningún otro novelista de su tiempo, y quizá de todos los tiempos, ha
retratado a los obreros como auténticos personajes de novela, y
ninguna condena más firme que la suya contra
la explotación del proletariado por el capitalismo.
Lo darrer esforç (1883), (Escrito en valenciano) Estuvo inédito
hasta 1967
Fantasías, leyendas y tradiciones (1887) Temática histórica
La araña negra (1892) Anticlerical
¡Viva la República! (1892)
Historia de la Revolución española en el siglo XIX (1893) De
carácter panfletario
Arroz y tartana (1894) De influencia Naturista
Cuentos valencianos (1896)
En el país del arte (1896)
Flor de Mayo (1896)
La barraca (1898). Denunciaba la injusticia social en la Valencia
campesina.
Entre naranjos (1900)
La condenada (1900)
Cañas y barro (1902)
La catedral (1903)
El intruso (1904)
La bodega (1905)
La horda (1905) Crítica social
Sangre y arena (1908)
Los muertos mandan (1908)
Luna Benamor (1909)
Oriente (1910)
La Argentina y sus grandezas (1910)
Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916) Se ocupa de diversos temas
filosóficos y culturales y a partir de ella se han realizado varias
películas muy conocidas. Podría considerarse
como el primer Best-Seller de la historia
Los enemigos de la mujer (1919)
El paraíso de las mujeres (1922)
España con honra (1923) (Condena la Monarquía de Alfonso XIII)
El papa del mar (1925)
La vuelta al mundo de un novelista (1925)
A los pies de Venus, (1926)
En busca del Gran Khan (1928)
Mare Nostrum
El militarismo mejicano
El caballero de la virgen
Fantasma de las alas de oro
La maja desnuda
La Tierra de Todos
Los argonautas
Novelas de la costa azul
Sónica la cortesana
Vistas sudamericanas
Voluntad de vivir
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