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Desde muy temprano se introducir en el mundo de
las fallas en compañía de su hermano Manuel, contribuyendo durante
la Guerra Civil a la construcción de diversos montajes falleros
antifascistas.
A finales de los años cuarenta, comienza a
colaborar en la Editorial Valenciana, una de las más importantes de
la posguerra en el terreno de las publicaciones infantiles, editorial
que ya no abandonará casi hasta el momento de su desaparición en
1984.
En las páginas de la revista Jaimito publica sus
primeras páginas como profesional, siempre humorísticas y en las que
se adivina ya una personalidad que le convierte en un creador único,
dueño de un trazo a primera vista esquemático y anguloso, que revela
en el fondo un profundo estudio de lo que debe ser el dibujo de
historietas.
En estas primeras colaboraciones, realiza un
humor testimonial con ciertas dosis de acidez, reflejando las
carencias propias de los tiempos duros y miserables de la posguerra.
Aparte de innumerables páginas de chistes, sus
primeros personajes los estructura en forma de tira de tres o cuatro
viñetas, como Simplicio Panoli, La Sombra o Cipriano Metomentodo.
También colabora en la publicación para niñas
Mariló, y de forma muy habitual en una revista que la misma
Editorial Valenciana lanzó en 1953 dedicada a los más pequeños, y que se
convirtió en un hito entre las publicaciones de su categoría.
Evidentemente, nos referimos a Pumby, en la que su personaje
Caperucita Encarnada ocupará durante muchos años la contraportada
del semanario.
Su obra es realmente buena, pero no parece que
los autores que trabajan en las publicaciones para la infancia
obtenga el merecido reconocimiento.
El universo de Caperucita recreado por Edgar
merece un lugar destacado en el panorama de nuestra historieta. A
través de él asoma un mundo tan limitado como rico en matices en el
que cada cual cumple invariablemente con el papel que le ha sido
asignado: así la protagonista con sus amigos, Conejín y Tortuguita,
derrotan una y otra vez al Lobo en unos episodios de gran sencillez
argumental desarrollados siempre en una sola página.
Asombra, en una segunda lectura de los cientos de
páginas que publicó de Caperucita, la cantidad de soluciones
gráficas que aporta Edgar a la representación en viñetas del
paisaje: las formas de los diferentes árboles y matorrales, la
textura de sus cortezas, los desniveles del terreno, las fuentes,
los sembrados, las eras, las nubes: todo parece encontrar como por
ensalmo, sus rasgos más puros. Sabe dotar a sus viñetas y a todo el
conjunto de, placidez, inmutabilidad, equilibrio, poesía.
Caperucita es la creación personal de Edgar, por
la que siempre debería de ser recordado.
Queremos hacer notar que el dibujante de los años
gloriosos del tebeo español, carece de seguridad social, de propiedad
sobre sus obras, de jubilación...
todos estos factores, y otros, desembocan, en el caso de los colaboradores de
Editorial Valenciana, en una larga serie de pleitos y enfrentamientos con la
empresa en busca del justo reconocimiento de sus derechos.
Alejado en los últimos años del mundo de la
historieta, en el momento de su muerte estaba realizando una
monumental historia del cartel, obra ambiciosa que no llegó a
terminar y de la que ha dejado una cantidad de material de un muy
alto interés.
Muere víctima de un infarto. |