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Vivar es una pequeña aldea situada a 7 kilómetros de la
ciudad de Burgos, fronteriza entonces con el reino de Navarra.
Por su padre, Diego Lainez, pertenecía a la nobleza infanzona; por
su madre, hija del magnate Rodrigo Alvarez, descendiente por línea paterna
de Laín Calvo, uno de los dos Jueces de Castilla, a la alta nobleza.
Huérfano en 1058, se educó en el palacio real junto al infante Sancho.
Estudió letras y leyes, seguramente en el monasterio de San Pedro de Cardeña.
Con la muerte de Fernando I (27 diciembre 1906), padre de Sancho,
éste se proclamó rey, Sancho II, y una vez tomada posesión del reino de
Castilla, armó caballero (1060) y nombró alférez real al Cid.
El Cid venció al navarro Jimeno Garcés en duelo judicial. Gracias a
esta victoria recibió el sobrenombre de Campeador (Campi doctor). El término
"Cid" se lo aplicaron los musulmanes y equivale a «señor» y deriva de la
trascripción del árabe sayyid, que significa amo o señor.
Brazo derecho del rey Sancho II. Participó en el sometimiento del
reino de taifa zaragozano (1067), en las batallas de Llantada (1068) y
Golpejera (1070). Su señor murió en el cerco de Zamora (1072).
En la iglesia de Santa Gadea de Burgos, tomó juramento a Alfonso VI
para poder ser reconocido como rey. Una vez hecho esto se hizo su vasallo.
Se casó con la sobrina del rey, Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo el
19 de Julio de 1074. La muerte de Sancho II arruinó la posición del Cid en
la corte.
(1080). Estando en Sevilla cobrando las parias a al-Mu'tamid para
el rey de Castilla, derrotó al rey granadino Abd Alláh, García Ordóñez y
otros castellanos, los apresó en Cabra. Les concedió la libertad a los tres
días, pero en adelante contó con una declarada enemistad del favorito.
A consecuencia de una atrevida cabalgada por tierras toledanas en
respuesta a un ataque musulmán a Gormaz, Alfonso VI le declaró incurso en la
ira regia, sanción que llevaba al destierro (1081).
Primer su primer destierro, deja a su mujer e hijos en Cardeña.
Busca un nuevo señor. Es rechazado en Barcelona, pero no en Zaragoza, donde
se pone al servicio de al-Mu'tamin. Defendiendolo derrota al hermano de
éste, al-háyib Mundir, rey de Lérida, y a su aliado Berenguer II de
Barcelona en Almenar, a 20 Km. de Lérida, apresando al mismo.
Al socorrer a Alfonso VI en Rueda (1083), el rey, según el Fuero,
le devuelve el favor regio y regresa a Castilla, pero decide volver al
servicio de al-Mu'tamin y en Morella vence a Sancho Ramírez de Aragón y a
Mundir (1084). Poco después, Alfonso VI jura tomar Zaragoza, el Cid no
combate, pues no desea combatir a su señor. La llegada de los almorávides y
la derrota de Zalaca reconcilian de nuevo a monarca y vasallo (1087).
Alfonso permite al Cid que regrese a Levante, concediéndole todas las
conquistas que hiciera a los musulmanes.
Unido a Musta'in, que sucede a Mu'tamin de Zaragoza, auxilia a al-Qádir
de Valencia y libera esta bella ciudad del sometimiento de Mundir de Lérida
con tropas castellanas a sueldo (1088). Como protector de al-Qádir, al año
siguiente, y con 7.000 castellanos más, libera de nuevo a Valencia del
sometimiento que imponían Munddir y Berenguer II y consigue que se sometan a
su rey Alfonso los principados de Valencia, Albarracín y Alpuente (1089).
Alfonso VI iba a acudir en defensa de Aledo,
sitiada por el emir almorávide Yúsuf b. Tásfin (1089), ordena al Cid que se
le una con sus tropas, pero por circunstancias imprevistas no pudo alcanzar
la hueste real. La ira del rey, le hace incurrir de nuevo en el destierro,
el segundo para el Cid.
El Cid domina Levante. La enemistad entre el rey y él hizo que
perdiera su anterior posición en Levante y que tuviera que empezar de nuevo. Ante los estragos causados por el Cid en tierras
de Orihuela y Játiva, Mundir de Lérida y al-Qádir de Valencia volvieron a
reconocer su protectorado. Este dominio sobre las taifas levantinas despertó
el recelo de Berenguer II, quien, al ver que no podía hacerse con esos
reinos musulmanes, formó una gran coalición contra el Cid, pero éste venció
y apresó al barcelonés en el pinar de Tévar, al cual devolvió la libertad
sin exigirle rescate.
El
sometimiento de algunos alcaides y de Mundir y su hijo, que mediante tributo
pusieron Lérida, Tortosa y Denia bajo la protección del Cid. En 1090
dominaba prácticamente todo el Levante español.
Ese mismo año ayudó a Alfonso VI en contra de Granada, pero una
acción del Cid no fue bien interpretada por el rey que volvió a enemistarse
con el Cid hasta el punto de intentar Alfonso, con ayuda de Aragón,
Barcelona, Pisa y Génova (1092), la conquista de Valencia, sin respetar el
protectorado que sobre ella ejercía el Cid. Éste respondió con un ataque
devastador a tierras de Calahorra y Nájera, las de su enemigo García
Ordóñez, esto obligó a Alfonso a abandonar Valencia para acudir en ayuda de
su favorito.
Entre tanto en Valencia se preparaba una revolución contra el rey
al-Qádir, que llevo a la conquista de la hermosa ciudad. En ausencia del
Cid, el cadí Ibn Yahháf conspiró contra al-Qádir y en favor de los
almorávides, que ya estaban en Alcira. Al-Qádir huyó y logró ocultarse, pero
fue descubierto y asesinado (1092), Ibn Yahháf se apoderó de su tesoro. Las
fortalezas de Valencia fueron entregadas a los almorávides y la ciudad
comenzó a regirse por una comisión de notables.
El Cid volvió dispuesto a vengar el asesinato de al-Qádir.
Conquistó Yuballa. La guarnición almorávide fue expulsada a Denia. El Cid se
convirtió en Señor de Valencia. Los almorávides se retiran sin combatir y
el Cid establece un cerco durísimo a la ciudad, que se rindió el 15 junio de
1094.
Ante los notables musulmanes dictó un benigno estatuto para el
gobierno de la ciudad: él sería juez supremo, pero los musulmanes
conservarían sus propiedades, la ciudad y la mezquita. Viendo estable su
situación en Valencia, hizo venir a su mujer e hijos. Hasta entonces el Cid
no había tenido conflictos armados con los almorávides. Estos habían
unificado todos los reinos de taifas de al-Andalus, excepto los de Valencia,
Zaragoza, Lérida y Tortosa, los protegidos por el Cid.
En diciembre de 1094 se produjo un lógico y esperado ataque contra
Valencia, participando un gran ejército almorávide al mando de un sobrino
del emir Yñsuf ibn Tásufin. El Cid se mantuvo diez días a la defensiva tras
los muros de la ciudad, al cabo de los cuales realizó una inesperada salida
y los derrotó totalmente en el Llano de Cuarte, apresó a muchos y cogió un
fabuloso botín. En Cuarte y a manos del Cid, los almorávides, hasta entonces
invencibles, conocieron su primera gran derrota en España.
El Cid decide vengar a al-Qádir. Las sospechas recayeron sobre el
cadí ibn Yahháf. Un tribunal musulmán condenó a ibn Yahháf a ser lapidado,
pero el Cid, aplicando un Derecho castellano, hizo que muriera en la hoguera
(Mayo 1095). Pronto se produjeron alborotos, eso hizo que el Cid cambiase el
estatuto que había concedido a los musulmanes por otro menos tolerante que
sería el aplicado por los cristianos en sus conquistas durante el siglo XII.
La mezquita mayor, fue convertida en iglesia y más tarde en la catedral de
Santa María (1097).
En Bairén, el Cid i Pedro I de Aragón derrotaron totalmente al
poderoso ejército almorávide (Enero 1097). Segunda gran victoria sobre los almoravides. Los últimos actos bélicos del Cid fueron las conquistas de
Almenara y Murviedro (1098), con lo que el territorio valenciano quedó en
una seguridad total.
El Cid murió en Valencia el 10 julio 1099. Su viuda vivió durante
tres años en Valencia. Sitiada en 1101, Jimena pidió auxilio a Alfonso VI,
que acudió en su socorro y ante cuya presencia los almorávides se retiraron.
Pero el monarca consideró imposible mantenerse en la plaza, muy alejada de
Castilla, y ordenó que fuera abandonada e incendiada (Mayo 1102). Los restos
mortales del Cid fueron conducidos por sus vasallos al monasterio de San
Pedro de Cardeña.
Tres hijos tuvo el Cid de su esposa: Diego (1075), que murió en la
batalla de Consuegra frente a los almorávides (1097); Cristina, que casó con
Ramiro de Navarra y cuyo hijo, García Ramírez, sería rey; y María, que casó
con Ramón Berenguer III el Grande, de Barcelona.
El domingo 10 de julio de 1099, muere el Cid. Toda la cristiandad
lloró su muerte.
La figura del Cid y sus hazañas merecieron el honor de protagonizar
el primer cantar de gesta de la literatura castellana, el Cantar de mío Cid.
No es Poema sino Cantar, ya que como letra de una canción ha de ser tomado y
no texto de poema. Así pues, El Cantar del Mío Cid, es una canción recitada por
los juglares de aquellos tiempos medievales. El texto que nos ha llegado, es
una trascripción de un copista llamado Per Abbat en un manuscrito del siglo
XIV, conservado en la Biblioteca Nacional. Aunque hay quien opina que
pudiera ser el autor y no mero copista.
Es posible que ya existiera un primitivo Cantar del Mío Cid en 1120,
aunque el de mejor contenido es el conservado de 1207.
" Ya entra el Cid Ruy Díaz por Burgos;
sesenta pendones le acompañan.
Hombres y mujeres salen a verlo,
los burgaleses y burgalesas se asoman a las ventanas:
todos afligidos y llorosos.
De todas las bocas sale el mismo lamento:
¡Oh Dios, qué buen vasallo si tuviese buen Señor! "
Mio Çid Roy Díaz por Burgos entrove,
En sue compaña sessaenta pendones;
exien lo ver mugieres e varones,
burgeses e burgesas por las finiestras sone.
De las sus bocas todos dizían una razóne:
" Dios, que buen vassallo, si oviese buen señore! " |