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Segundo hijo de una familia
modesta. Hijo de Encarnación y de Juan Miró, ingeniero de Obras
Públicas. Fue bautizado con el nombre de Gabriel Francisco Víctor
Miró. Fue un niño retraído. Comenzó a
estudiar con el maestro D. Marcelino y con su tío Lorenzo Casanova,
hasta que ingresó en el colegio de los jesuitas Santo Domingo en
Orihuela, (1887 - 1892). Ganó su primer premio, con una redacción escolar titulada, "Un día de campo".
Dado su delicado estado de salud, sus padres deciden sacarle
del colegio; con doce años. Trasladándose con su familia a Alicante,
donde continúa sus estudios de Bachillerato. Su
paso por el colegio de los Jesuitas, le llevó a una profunda
melancolía en su ánimo y en un inexplicable reuma de su rodilla
izquierda. Su estancia en la enfermería del colegio a causa de una
enfermedad, marcó decisivamente su prosa. Desde la enfermería, pudo
contemplar el paisaje de la huerta oriolana, y sus costumbres y
multitud de detalles que posteriormente plasmaría en su obra.
Octubre de 1895. Comenzó sus estudios de derecho en la
Facultad de Valencia. A causa de sus amistades, no hacía excesivo
caso a sus estudios, y al finalizar el segundo curso, sus padres
decidieron sacarle de la Universidad de Valencia, ingresando más
tarde en la de Granada donde se licenció en derecho en 1900.
En 1901 se casó con Clemencia Maignon, hija del Cónsul de Francia en
Alicante, de cuyo matrimonio nacieron sus hijas Olympia (1902) y
Clemencia (1905). Tras intentar, sin éxito,
ingresar en la administración, se presenta a un concurso de cuentos
llamado, ‘El cuento semanal’, con su obra Nómada. Obtiene su primer
premio literario. El quince de febrero de
1908 es homenajeado por un selecto grupo de intelectuales destacando
entre ellos a Valle Inclán, Baroja y Felipe Trigo, entre otros.
El día que se publica su obra, Nómada, fallece su padre.
Escribe artículos periodísticos en ‘El Sol’ y ‘la Nación de
Buenos Aires’. Gran parte de la crítica
considera que su etapa de madurez literaria se
inicia con, "Las cerezas del cementerio" (1910).
Ricardo Gullón ha calificado los relatos de Miró como novelas
líricas. Son, por tanto, obras más atentas a la expresión de
sentimientos y sensaciones que a contar sucesos.
La temporalidad constituye el tema esencial de la
obra del autor alicantino, quien incorpora el pasado a un presente
continuado, por medio de las sensaciones, la evocación y el
recuerdo. Como, antes que él, hiciera Azorín. Lo
sensorial es en su literatura, una forma de creación y
conocimiento, además tiene un léxico riquísimo.
Obra La mujer de Ojeda.
Su primera novela.
Hilván de escenas. Su segundo libro
Dentro del cercado
Del Huerto Provinciano
Los amigos
Los amantes y la muerte
Las cerezas del cementerio (1910)
El abuelo del Rey (1915)
Figuras de la Pasión del Señor (1916-17)
El libro de Sigüenza (1917)
El humo dormido (1919)
El Ángel
El Molino
El Caracol del Faro
Nuestro Padre San Daniel
Niño y Grande
Obispo Leproso (1925)
Años y Leguas (1928) Las novelas, "Nuestro padre San Daniel" y
"El
obispo leproso", se desarrollan en la ciudad levantina
de Oleza, trasunto de Orihuela, en el último tercio del siglo XIX. |