EN EL CAMPO
Versos de los diez a los ocho años
El campo! ¡Un perro fiel y una escopeta!
¡Horizonte sin termino delante!
¡Los ojos, para verlo, del poeta!
¡Para probarlo, el alma del amante!
¡Ni senderos, ni limites, ni guía!
¡A mis errantes pasos campo abierto!
¡Campo abierta a mi suelta fantasía
Que en desierto trueca el árido desierto!
No temáis, codornices de estos pardos;
En el nido a mis pies dormid en calma.
Siguiendo van mis pasos descuidados
Una sombra, ¡ la sombra de mi alma!
Una alma, que busco y entreveo,
Y desaparece al punto vagarosa;
A la que va constante mi deseo
Como la abeja al cáliz de la rosa.
Imagen que mi espíritu adivina
ó fingen mis anhelos burladores;
Hada, ninfa, o mujer, visión divina
De los que siento yo locos amores.
¡O luz del sol, que en la enramada umbría
Filtrándolas, tus ráfagas destelladas!
Tú enciendes tu ardorosa fantasía,
Que tus cabellos de oro mira en ellas.
¿Por que , flor engañosa del granado,
Tus pétalos despliegan carmesíes?
Para fingir su labio perfumado
Parece que entreabriéndote sonríes.
¿De donde, OH brisa, la fragancia tomas
Que dulce exhalas?¿Eres un suspiro?
Aspiro de su aliento los aromas
Cuando tu soplo embalsamado aspiro.
¿No son sus vestiduras y sus velos
Nubes doradas, vuestros leves tules?
¡OH! ¡me parece al contemplar los cielos,
Que llenan su extensión ojos azules!
¿Por que, flotando incierta sobre al aura,
Huyendo vas, de mí siempre delante,
De mí, que te amo cual Petrarca a Laura,
Y como a Beatriz adoró el Dante?
La soledad te place, y te evaporas
Del bullicioso mundo en el estruendo;
Mas ¡ay! si en estos dulces campos de moras,
Por qué vano te voy siempre siguiendo?
No temas: á través de este follaje,
Nada pudieran ver ojos profanos;
Déjame asir las orlas de tu traje,
Que huyeron tantas veces de mis manos.
Deja que te rasgue la encantada gasa
Que me roba tus mágicos hechizos;
Que en la luz de tus ojos, que me abrasa,
Absorba del amor los bebedizos.
Deja que amantes y ávidos mis ojos
Tus encantos sin velo una vez vean;
Que mire sonreír tus labios rojos;
De verdad una vez mis sueños sean.
Un repliegue, de tu manto desprendido,
Roza mi sien, y en torno a mi giras;
Y vienes y suspiras a mi oído,
Y te vas, y a lo lejos aun suspiras.
Y corro a donde escucho tu suspiro,
Y responde burlona carcajada;
Y atento escucho y extasiado miro,
Y nada logro ver, y no oigo nada.
Si es tu imagen un rayo de la luna,
Si es tu suspiro el aura entre las ramas,
Fantasma de mis sueños importuna:
¿Por qué me llamas? di: ¿por qué me llamas?
¡Soñado encanto de mis horas tristes!
A tu voz mi alma armónica responde.
¡OH! ¡no eres ilusión! Si aquí no existes,
En su hondo seno el corazón te esconde.
Eres la luz sagrada que ilumina
Los ensueños fantásticos del vate;
Impulso celestial, fuerza divina,
Que misteriosa en nuestro pecho late.
¡OH, mi amor! De tu luz resplandeciente
Sólo llegan al mundo de los reflejos;
Nadie imprimió sus labios en tu frente:
¡Feliz yo que te pude ver de lejos!
EN LA FUENTE
Romance lugareño
La penumbra del ocaso
Desciende ya de la sierra,
Y a las oraciones llama
El esquilón de la aldea.
En lo más hondo del valle
Vierte un manantial sus perlas;
Música le dan los mirlos,
Sombra le da la arboleda.
Por agua viene una moza,
El cántaro en la cabeza;
Su faz de rosas da envidia
A la misma primavera.
Pone el cántaro á la fuente
Y en dura roca se sienta;
Los dulces mirlos le cantan,
Los árboles la sombrean.
Ya esta lleno el cantarito,
Ya esta lleno de agua fresca;
La bella no lo recoge:
¿En que pensara la bella?
Un labrador con su yunta
Cruza la próxima senda:
-"¿Que haces en la fuente, niña?
¿No ves que la noche cierra?
-Para mi pobre hermanito
Busco nido en la maleza,
Pues he prometido dárselo
Si mañana va a la escuela".
Por la fuente el pastor pasa,
El pastor con sus ovejas:
-"¿Qué haces, niña? el sol se ha puesto,
Y los lobos andan cerca.
-Mi madre, mi pobre madre,
Es anciana y esta enferma;
Para darle aliento y vida,
Busco aromáticas yerbas".
El cura con su breviario
Hacia el pueblo da la vuelta:
-"¿Que haces, niña? la campana
Te esta llamando a la iglesia.
-Flores no tiene la Virgen,
Y mañana, padre, hay fiesta;
Para su altar hacer quiero
Dos guirnaldas de violetas".
Ya el labrador con su yunta,
Ya el pastor con sus ovejas,
Ya el cura con su breviario,
A paso lento se alejan.
Ya con gallarda soltura,
Saltando de peña en peña,
Baja el valle con sus perros
El cazador de la selva.
-"!Dios te guarde, niña hermosa!
-!Cazador, Dios te proteja!
-¿Por quien vienes a la fuente?
¿Por quien bajas de la sierra?
-¿No lo dice mi alegría?
-¿No lo dice mi vergüenza?
-Soy quien ansioso te busco.
- Soy quien ansiosa te espera".
Y tiernamente se abrazan
El cazador y la bella,
Y mudos callan los mirlos,
Y obscura la noche cierra.
LA LUZ
Poeta, pulsa la lira
Y alza la sien soñadora;
Abre los ojos, y admira;
Abre el corazón, y adora.
Con alas de águila hiende
Los espacios, y desciende
Sobre ti la inspiración;
Yo soy aquel rayo de oro
Que hería el mármol sonoro
De la estatua de Memnón.
Soy la Luz, soy el destello
Que de Dios brilla en la fuente.
¿Ves esos cielos profundos,
Esos astros, esos mundos?
Todos existen por mí.
Dios, que crearlos quiera,
Miro a la extensión sombría,
Dijo una palabra, y fui.
Vestido el caos de nieblas
Y agitándose entre brumas,
Batía en mar de tinieblas
Negras olas sin espumas.
Yo, contra el monstruo funesto
Flamígero dardo sexto,
Y en rápida dispersión,
Desgarradas por mis flechas,
Las sombras, jirones hechas,
Barre el airado aquilón.
Rotos los fúnebres velos,
Corónense de albas lumbres,
Y en los transparentes cielos
Alzan los montes sus cumbres.
Sereno a sus pies dilata
El mar sus olas de plata
Que nadie pudo medir;
Y al son de ignorada lira
El coro de estrellas gira
En esferas de zafiro
Desde entonces la alborada,
Incendiando el horizonte,
Baña con su luz rosada
La frente adusta del monte;
Desde entonces también arde
El cielo al morir la tarde
Tinto en sangriento arrebol,
Pues, por luminar del mundo,
En el espacio profundo
Puse la antorcha del sol.
.Yo a la luna misteriosa
Doy la claridad tranquila
Que en secreto bebe ansiosa
La soñadora pupila.
Yo a las nocturnas estrellas
Vestí con sus luces bella,
Y piadosa darles se
Esos resplandores santos
Que os revelan en encantos
Del amor y de la fe.
Tú, que al ocaso y la aurora,
Sin fatiga y sin enojos,
Cual águila triunfadora,
Clavas en el sol los ojos,
Canta la luz. Los risueños
Siglos de los dulces sueños,
Por Dios, el vate inmortal
El númen dieron, que guía
En la inmensidad vacía
Mi regio carro triunfal.
Canta, canta, hijo de Apolo,
Canta el alba soñolienta
Que en los cristales del Polo
Vierte luz que no calienta;
El astro que es vuestro estío
Entre perlas de rocío
Dora la pálida mies,
Y el rojo sol africano
Tostador del polvo vano
Que arrastra el simún después.
Canat la noche estrellada,
Canta el luminoso día,
Canta, la tarde bañada
En dulce melancolía;
Canta las pintadas flores,
A las que vario en colores
Pretso brillante matiz;
Canta las parleras aves,
Que anuncian con trinos suaves
Del sol la vuelta feliz.
Canta, canta a las hermosas,
Si a tanto tu voz se atreve;
Las de mejillas de rosas,
Las de garganta de nieve;
Canta con ojos amantes,
Que destellan deslumbrantes
Vida, fe, dicha y amor,
porque en ellos puse ufano,
Por hechiza soberano,
Un rayo de mi fulgor.
Y si este mundo no basta
A tus ansias de poeta,
El vuelo tiende entusiasta;
Pasa audaz para vulgar meta.
De los astros sube al coro;
Sobre sus orbitas de oro
Ven, de mis huellas, en pos,
Y en la celeste morada
Bebe de la luz increada
Que irradia el rostro de Dios.
Veras, con impulso blando,
Entre hermosos arrabales,
A tus pies lentos girando;
Mundos, estrellas y soles;
Y allí las esferas todas
Cantan las santas bodas
De tu espíritu inmortal
Con la luz, que hoy a tu mente
Revela confusamente
Tu ambicionado ideal.
LA SOMBRA
OH pensativo poeta!
Deja la importuna lira,
Y eleva a Dios la secreta
Voz que en tu interior suspira.
Yo, sobre todas las frentes
Inspiradas ó dolientes,
Las alas siempre tendí:
La Sombra soy, y los sueños
Coronados de beleños
Van siempre detrás de mi.
Yo adormezco en dulce calma
Los parpados fatigados,
Y abro a los ojos del alma
Horizontes encantados;
A homero, la brilladora
Llama muestro, que devora
Los alcázares de Ilion;
Y rasgando eternas nubes
Las guerras que los querubes
Revelo al Ciego de Albión.
Soy para el hombre el reposo,
Soy el placido sosiego,
Que del vivir fatigoso
Rompe el círculo de fuego.
Huyo de la luz, y habito
En el espacio infinito
Do nadie me arrojará;
Ardan miles de lumbreras;
Yo de todas las esferas
Seré siempre el más allá.
Cuando el ave vuela al nido,
Y la flor el cáliz cierra,
Y el descanso y el olvido
Y la paz ama la tierra;
Cuando el labrador cansado
Se inclina sobre el arado
Que su diestra encalleció,
Y oye triste la lejana
Vibración de la campana,
Entonces diciendo yo.
Desciendo al morir el día,
Dormida en el blando coche
En donde el silencio guía
Los caballos de la noche;
Va esparciendo el torno mío
Sus lagrimas el rocío,
Y con triste majestad
Marcha detrás la tiniebla,
Que inunda el espacio y puebla
De encantos la intensidad.
Y allá en los bosques umbríos
Llenos de rumores vagos,
Y en las nieblas de los ríos,
Y en las brumas de los lagos,
Vestida de leve gasa,
Triste y misteriosa pasa
La sombra de una mujer,
Hada, sílfide u odina,
Imagen siempre divina
Que el amor hace nacer.
El amor que a la importuna
Luz del sol que no alza la frente,
Y a quien doy la blanca luna
Por callado confidente.
Mi ala pálida le abriga;
Su paso esconde, y amiga
Tiendo el vuelo protector
Cuando, con su puro aliento,
En el más feliz momento
La antorcha apaga el rubor.
Tú, vate, que nada ignoras
De lo que ocultan mis celos;
Tu, que en las nocturnas horas
Abiertos miras los cielos,
En mi silencio profundo
La que no comprende el mundo
Exhala queja febril,
Como sus goces y penas
Cantan en noches serenas
Los ruiseñores de Abril.
anta la senda frondosa,
Que para darme guarida
Entreteje misteriosa
Las ramas do el ave anida;
Canat la florida alfombra
Tendida a su húmeda sombra,
Y la gruta de cristal
En cuyo fondo sombrío
Gota a gota cae del río
El límpido manantial.
Canta los valles que guarda
Del sol la verde colina,
Que protectora la parda
Frente de rocas inclina;
Canat la pajiza choza
Donde fresca sombra goza
El cansado cazador,
Cuando, con su can sediento,
Huye del árido aliento
Del verano abrasador.
Canata la humilde violeta
Entre las hojas oculta,
Y la perla que discreta
En los mares se sepulta;
Canta los dulces hechizos
Que vela con blondos rizos
la vergonzosa beldad;
Canta lo que bello asombra
Al mundo, y busca la sombra
Un velo a su honestidad.
Canta, y hallaras abiertas
En las horas de misterio
Las maravillosas puertas
De mi halagador imperio;
En sus soledades vastas,
los prodigios podrás ver,
Que, impotentes, o risueños,
En lo memos de tus sueños
No llegaste a comprender.
Todo lo que el alma ansía,
Y apetece la esperanza,
Y finge la fantasía,
Y en el mundo no se alcaza,
Yo te lo daré !OH poeta!,
Si tu inspiración inquieta
De mis huellas vuela en pos
Hasta el remoto palacio
Donde lleno el vasto espacio
Y oculto la faz de Dios.
LA SIRENA
Alegre niña que con pie desnudo
Huellas jugando la menuda arena;
Del mar no temas el estruendo rudo
Y oye mi blanda voz: soy la Sirena.
Como banda de cisnes de albas plumas
Que en la orilla feliz buscan el nido,
Olas traigo de cándidas espumas
A morir a tus pies con un gemido.
Y cuando la mar besándolos desmaya,
Por digna alfombra de tu planta breve,
Galante siembra en la arenosa playa
La rubia concha, el caracol de nieve.
Nunca veras marchitas esas flores
De mi eterno jardín, ven a cogerlas;
Y al abrir sus ventallas de colores,
Lluvia caerá de transparentes perlas.
El sol, que hacia el ocaso ya declina
Aún bochornoso en las arenas arde,
Y la tersa llanura cristalina
Riza apenas la brisa de la tarde.
Ven a jugar con las nevadas olas
Que aspiran a tus pies niña hechicera,
¿No estas conmigo y tu inocencia a solas?
¿no esta desierta y muda la ribera?
No hay nadie que sorprenda tus hechizos;
Desciñe el cinto de tu breve falda,
Y libres suelta tus copiosos rizos
Sobre la nieve pura de tu espalda.
Si te avergüenza el sol, niña sencilla,
Yo, porque al sol tu desnudez escondas,
Por velo cuando juegues en la orilla
Te daré las espumas de las ondas.
¿Ves un peñasco sobre el mar pendiente,
Que verdes musgos y ovas han vestido?
En sus quiebras, OH virgen inocente,
Del blanco alción sorprenderás el nido.
Allí se abre entre las rocas colosales
Fresca gruta, que obscura se dilata;
La inunda el mar, y esconden los corales
En urnas de cristal peces de plata.
Marinas algas y campestre hiedra
Los muros visten, y del techo brota,
Y cae en taza de bruñida piedra
El agua de una fuente gota a gota.
Las ondas que levanta el mar sonoro,
Allí muere en trémulo desmayo;
Y cuando esconde el sol el disco de oro,
Baña la gruta con su tibio rayo.
Ven a ese alberge, que conservo oculto
Entre altas rocas y serenas ninfas;
Allí de guarda para darte culto
Coro feliz de Náyades y Ninfas.
No te asusten escollos y corrientes,
Alegre niña de la breve falda,
Pues para hender las aguas transparentes
Dócil delfín te ofrecerá la espalda."
Calla y desaparece la Sirena.
¿Aun la niña feliz duda y vacila?
Mira la azul techumbre; esta serena.
Mira la inmensa mar; esta tranquila.
Ya desciñe su casta vestidura;
Ya suelta al viento sus dorados rizos;
Ya baña el sol sin velos su hermosura;
Ya oculta el mar sus púdicos hechizos.
Ya con la espuma que nevada brilla,
Audaz juega su brazo de alabastro;
Ya se aleja flotando de la orilla;
Ya no quedan en pos huella ni rastro.
Brillante y tersa esta la mar sonora;
Pura y tersa esta la azul esfera;
Mas tu, madre infelices, teme y llora:
No volverá la niña a la ribera.
LA FLOR DE MI VENTANA
Flor perfumada que al primer destello
Del sol de abril que en mi ventana brilla,
Abres enamorada el cáliz bello
En vaso tosca de grosera arcilla,
Porque el herido corazón acalle
Los que luchan en el rudos enojos.
A mi memoria atraes el natal valle
Inundando de lagrimas mis ojos.
Y al aspirar ansioso tus aromas,
El alma vuela en las alas de un suspiro
Al verde huerto y las floridas lomas
Que en dulces sueños a lo lejos miro.
!OH, dulce hogar de la niñez! !Risueños,
Campos, praderas, conocidos montes!
¿Que os habéis hecho, seductores sueños,
Que poblabais los patrios horizontes?
!Ay, de todas las galas con que viste
La vida al mundo en su feliz mañana,
Solo me queda por consuelo triste,
Tu aroma, pobre flor de mi ventana!
Cuando entreves las hojas purpurinas,
El soplo de abril me regenera,
Y cuando el cáliz marchito inclinas
Contigo muere !OH flor! mi primavera.
Breve es tu vida y mi corazón es breve;
Aromas das al viento, y yo suspiros,
Para que juntos, al volar, los lleve
Sin saber donde en sus resueltos giros.
Y aguardando las auras de la umbría,
Que sollozan quizás en lontananza,
Cierras las hojas a la luz del día
Como yo el corazón a la esperanza.
AL CAER LA TARDE
Entre céjales pálidos ha muerto
El claro dia, que al amor ofende,
Y tenues alas sobre el mundo tiende
El crepúsculo incierto.
Ven conmigo: ya el campo esta desierto,
Y se oyen solo, en el murmullo blando
De rumores y quejas y gemidos,
Los céfiros que pasan suspirando
Y las aves que vuelven a sus nidos.
¿Ves aquella colina
A la que da la vid fresca guirnalda?
Pero por donde menos áspera declina
Cruzaremos los bosques de su falda;
Y en su dorada cumbre,
Con misterioso resplandor escaso,
Nos bañara la desmayada lumbre
Que aun brilla en el ocaso.
Melancólica y bella,
En la azulada lluvia de Oriente,
Veras surgir la vespertina estrella;
Y su luz reflejando en nuestra frente,
El labio mudo y del brazo asidos,
Cuando la oscura noche tienda el velo,
Bajaremos al valle lentamente,
Opreso el corazón, y humedecidos
Los turbios ojos de mirar al cielo.
TRANSFIGURACIÓN
"¿Por que los que ayer tímido encendía
El cobarde rubor enojos,
Ceden el resplandor de la alegría
El dulce campo en tus ardientes ojos?
"¿Por que tu frente, a la que opaco velo
Dio la vergüenza que, el carmín colora,
Hoy, levantada sin temor al cielo,
Brilla, del universo vencedora?
"¿Por que al medroso labio balbuciente,
Donde la timidez tembló indecisa,
Tentadora broto y resplandeciente
La que rinde el amor triunfal sonrisa?
"¿Por que nacen las flores de tus huellas?
¿Por que al mundo ilumina tu semblante
Y a tu alrededor gravitan las estrellas,
Y en tu frente se posa el sol naciente?
"¿Por que miro trocada de repente,
Cual por arte de magia poderosa,
La débil niña en reina omnipotente,
La virgen tierna en soberana diosa?"
Así la pregunte a la niña bella;
Y toda avergonzada y encendida,
"Calla", me dijo con los ojos ella,
"¿no ves que triunfo porque estoy rendida?" |
LAS MONTAÑAS
Para mi, son las montañas
Ubres del mundo robustas.
En el seno misterioso
De sus cavernas obscuras
Esconde el volcán su fragua,
Y el río sus frescas urnas.
Sus no acuñados tesoros
Pluto en su fondo acumula
Entre rocas berroqueñas,
Para el avariento duras.
En sus negros antros donde
Interior trueno retumba,
Rayos el cíclope forja,
Y la náyade desnuda
Liquidas perlas destila
En la silenciosa gruta.
Del insensible peñasco
Bajo la corteza ruda
El alma del Pan palpita,
Y por mil venas ocultas
Fuentes y lagos sustenta,
Cerros anima y llanuras.
!Cibeles! !Naturaleza!
!Madre tierra! !Diosa Augusta!
Tú, que respirando vida,
Desceñida la cintura,
Desnudo el seno pletórico,
Suelta el hombro la túnica,
Tus pechos, de savia henchidos,
Al hombre no niegas nunca!
Más que en el jardín, ufano
Con la efímera hermosura
De las flores de la aurora
Abre y el ocaso mustia;
Más que en los fértiles campos
Donde a las espinas rubias
Rocío dan los sudores
Que humildes fuentes inundan;
Más que en los arroyos, donde,
Abatiendo el vuelo, buscan
La paloma y el milano
Una gota de agua pura;
Más que en el sereno lago
Que, cual esquifes de plumas,
Doblando el flexible cuello,
Los candidos cisnes surcan;
En la enaltecida sierra
Que envuelve entre nieblas turbias
Sus faldas, y con su frente
El rayo al cielo disputa,
Poderosa te contemplo,
Y te bendigo fecunda!
Con la majestad austera
De toda las pompas rústicas,
En las selváticas cimas
Eterna tusilla encumbras.
Pinos, que hirió la centella,
Coronan tu sien adusta,
Alas que del aire triunfan;
Embozan cual amplio manto,
Tu espalda nubes y brumas;
El relámpago es tu antorcha,
El ronco trueno tu música.
Sobre las rocas sentada,
Junto a las simas profundas,
Baña tus pies el torrente
Rizando blancas espumas,
Y tu diestra abre los odres
Donde airado el viento zumba,
O del nublado rompiendo
Las sutiles ligaduras,
Vierte en el campo la inmensa
Catarata de la lluvia.
!Bien hayáis, cumbres enhiestas;
Bien hayáis, esfinges mudas,
Que de la tierra y el cielo
Veis en paz las arduas luchas!
Bajo la nieve de la roca
Por vuestras veas circula
La sangre que vida engendra
En vuestra frente ceñuda
Bate, cual deforme buitre,
Las alas, que el mundo enlutan,
Y el rayo ardiente fulmina,
Que torcido el cielo cruza,
Y al hondo valle tronchados
Los gruesos troncos derrumba,
Ese choque de titanes
Ni me asombra, ni me asusta;
Y en la tremenda batalla
Miro las grandiosas nupcias
Del fuego y del agua leves,
Del aire y la tierra impura.
Y cuando el sol, desgarrando
Las nubes densas, fulgura,
Luminar del Universo,
Sobre las cúspides ultimas,
Y vuestros flancos azules
Con líneas de oro dibuja,
Hacia vosotras, montañas,
Invencible afán me impulsa,
No se si por alejarme
De la humana turbamulta,
O para ver de más cerca
En las celestes alturas
Lo que mi espíritu en ellas
confusamente vislumbra.
TU VENTANA
Alegre es tu ventana, vida mía:
Tiende en torno a la vid verde guirnalda,
Y cuando nace esplendoroso el día,
Los pámpanos, que envidia la esmeralda,
Fresca lluvia de aljófares rocía.
Rico en aves, en fuentes y en aromas,
Estrecho valle entre floridas lomas
A los pies yace de la adusta sierra,
Y cual nidos de candidas palomas
Las chozas son que entre sus pliegues cierra.
Lóbrega selva lejos se dilata
Y de los montes cubre las vertientes;
Y entre las negras rocas se desata
Cual móvil cinta de cristal y plata,
El sonoro raudal de los torrentes.
Y sobre el verde valle y la pradera,
Sobre las arboledas rumorosas,
Sobre el monte de cúspide altanera,
Cóncava brilla la cerúlea esfera
Do vibra el sol sus llamas luminosas.
Alegre, vida mía, es tu ventana;
Mas, si por mi tu corazón se afana,
Ciérrala al punto, porque solo enojos
Dan, aunque brillen mas que la mañana,
Las luces que no vienen de tus ojos.
EL TORRENTE
Indócil hijo de la adusta sierra,
Que ardiendo en espumoso remolino,
En las duras entrañas de la tierra
Abres a tu raudal negro camino;
Cuando, entre muros de cortadas rocas,
Donde a mis pies clavaste inmensa tumba,
Desenfrenadas van tus aguas locas
Y cual trueno interior su voz retumba,
A tus lóbregas olas das tormento
En eterno rodar no interrumpido.
¿Que dice quejumbroso tu lamento?
¿Que amenazante tu rugido?
¿Perdida lloras la risueña fuente,
Cuyo limpio cristal, que terso brilla,
Refleja el firmamento transparente
Y las alegres flores de la orilla?
¿De tumbo en tumbo a tu pesar cayendo,
Con el poder que te arrebata luchas,
Y tu fragor contesta al sordo estruendo
Del mar lejano que medroso escuchas?
¿O despeñado de encumbrada cima
A la venganza corres iracundo,
Y es el rencor el alma que te anima,
Y fiero anhelas desbastar el mundo?
Quizás en la vorágines sonoras
Donde clamando tu raudal se esconde,
La dura ley que te conduce ignoras
Y ciego marchas sin saber a donde;
Y esa voz de la hirviente catarata
Que en el alma despierto eco infinito,
Es, y por eso al corazón tan grata,
De angustia eterna desgarrado grito!
Cuando en pos de soñadas fantasías
La selva cruzó, meditando a solas,
A tus lejanas márgenes sombrías
Llámenme los gemidos de tus olas.
!OH, cuantas veces, del cortado muro
En la orilla, de adelfas coronada,
Al voraz fondo de tu cauce oscuro
Lance ansioso la trémula mirada!
Y loco asiento con crispada mano
Entre las rocas áridas raíces,
Baje, sediento del culto arcano,
Para escuchar menos lo que me dices!
!Cuantas veces el vértigo en mi frente
Batió las alas pavoroso, y ciego
Soñé rodar en tu fatal pendiente
Veloz girando en círculos de fuego!
Es que mi pobre corazón sin calma
Oye en tu voz un eco de sí mismo;
Es que su oculto fondo mira el alma
Cuando contempla tu espantable abismo;
Es que así como escondes el profundo
Hervir de tu raudal en hondo lecho,
Yo también, escondiéndosela al mundo,
Llevo la tempestad dentro del pecho.
!OH torrente sin diques!!OH alma mía!
Rodad eternamente, y turbulentos
Arrastrad en frenética porfía
negras olas y tristes pensamientos.
EN LA ESPESURA
(Versos escritos sobre un pensamiento de Goethe)
DESAPARECIDO! ¿Por donde
Marchó? sin duda se esconde
Para aguzar ni deseo.
Miro y miro, y no la veo;
Llamo y llamo, y no responde.
Árboles que en torno mío
Cerráis el parque sombrío,
¿Vistes pasar a mi bella?
Hallare hila, y no os lo fío,
Cuando os diga quien es ella.
Cual el cielo con sus ojos,
Como el oro con su cabello;
Al coral sus labios rojos
Y a la nieve dan enojos
Su tersa espalda y su cuello.
Sueltos, cual los de la Aurora,
Flotan sus copiosos rizos,
Y a su frente encantadora
El rubor que hoy lo colora
Añadió nuevos hechizos.
Por el parque a solas iba;
La encontré, la hable, y esquiva,
Al desden pidió consejos:
Buscad a mi fugitiva,
Que no debe andar muy lejos.
Abril, de todas sus flores
Abre los cálices ya;
Céfiros murmuradores
Van conversando de amores...
Buscadla: !cerca estará!
Calla, calla, alegre nido;
Calla, calla, blanda brisa.
¿Que rumor hirió mi oído?
!Es el sonoro estallido
De tu tentadora risa!
Apartando verde rama,
Me mira, y lenta se esconde,
Y mi ansioso anhelo inflama,
Pues callando me responde,
Y ocultándose me llama.
Ligero acudo y sorprendo
A mi traidora enemiga,
Y ella, con falsa fatiga,
Corre, y los ojos volviendo,
Me estimulara a que la siga.
Ya se detiene !OH ventura!
En la frondosa espesura,
Nido de dulces amantes;
Y estrecho ya su cintura
En mis brazos palpitantes.
Ya en su alma luchando están
Rubor y amoroso afán;
Ya se desprende veloz;
"Aparta, o grito, y vendrán".
De mi amor en el exceso
"Vengan", respondo, "por eso
No me detengo", mas ella
"!Loco!" exclama, y con un beso
Mis audaces labios sella.
EL RAMO DE ROSAS
Oye: tendremos cuando seas mía,
Una casa en el campo, y allí un huerto.
Yo, cuando raye el día,
Ya estaré contemplándote despierto.
Habrá en nuestro aposento una ventana
Por donde entren la luz de la mañana
Y del campo y del huerto aromas;
Vendrán hasta el alfeizar las palomas
A recoger el grano apetecido.
El ritmo observara, tranquilo y lento,
De tu pecho dormido;
Buscare en el espejo de tu frente
Tu puro pensamiento.
Y tu amor en el labio sonriente.
Saldré al jardín por darte una sorpresa;
Cogeré entre las rosas
Las que copien mejor, OH, mi princesa!
Tus mejillas hermosas;
Haré un lindo bouquet; Volveré luego,
Bebiendo a largos sorbos su fragancia,
Y a pasos cortos, reprimiendo el fuego
De mi amor con prudente parsimonia;
Pero con más arguyo y arrogancia
Que Alejandro al entrar a Babilonia.
Pondré sobre tu pecho tembloroso
Por no alterar tu placido reposo,
El ramo, aun del rocío humedecido
Y aguardare escondido
tu despertar gozoso.
!Cuan grande tu alegría
Será al ver aquel tímido presente!
Será aun mas grande la esperanza mía,
Que el pago de tus miradas ya presiente.
Tu dirás (lo adivino):
-"!OH cuan hermosas flores!
No puede haberlas para mi mejores.
Mas darles quiero superior destino.
Las llevare a la virgen del Consuelo
Para que ampare protector el cielo
Nuestros dulces amores.
-No me hubiese ocurrido a mi esa idea,
Yo te contestare; mas, si lo quieres,
Tan solo he de exclama:"!Cuan buena tu eres!
Tu voluntad, mi bien, cumplida sea".
Te vestirás gozosa en un momento;
Prorrumpirás después:-"!A la capilla!"
Y tomaras con infantil contento
El sombrero de paja y la sombrilla.
Cruzaremos la vega
Y el puente sobre el rio que la riega;
Donde traza la senda tantas eses,
Y llegaremos a la ermita santa
Que cerca de la cumbre se levanta
Entre viejos cipreses.
Ya te veo ante el ara de rodillas.
La caminata enciende tu semblante,
Que fervorosa humillas;
Rezas por mi a la virgen suplicante,
Y tan hermosa cual su imagen brillas.
Yo, inmóvil, a tu lado,
No se si confundo o admiro,
La honda emoción oculto.
Pero, al salir de la iglesia umbría.
Al contemplarte a plena luz del día,
Bajo el dintel sagrado
Un abrazo te doy bien apretado,
Y aunque ofenda a la virgen mi osadía,
En tus labios imprimo un largo beso.
Pero yo me figuro,
Y tu debes saberlo, de seguro,
Que no se ofenderá mucho por eso.
LA MELANCOLÍA
A la luz tibia del otoñal ocaso
Entre marchitos árboles torcía
Mi errante senda el caprichoso acaso;
Deidad hermosa y triste halle a mi paso,
Y eras tu esa Deidad, Melancolía.
De derribado muro rotas piedras
Eran tu trono, al que mullida alfombra
Las enlazas hiedras
Daban, y un sauce vacilante sombra;
Allí sentada, el cielo transparente
Levantabas, marcada con el sello
De tranquilo dolor, la augusta frente;
Y brillaba en tus ojos seductores
el que nos dejas pálido destello
Los perdidos amores.
Me miraste llegar, y sonreíste
Con la incierta sonrisa,
Que deja al alma triste
Entre el dolor y el júbilo indecisa;
Y a mi viniendo con semblante amigo,
Me asiste de la diestra, y apartando
las mustias rama, con acento blando
Cariñosa exclamaste:"!ven conmigo!"
Y contigo crucé la selva umbrosa,
Y vi morir las luces de la tarde,
Y vi nacer la estrella esplendorosa
Que la primera en las tinieblas arde;
Y respire feliz el triste encanto
Que halagándonos mas que la alegría,
Los ojos baña en delicioso llanto.
Y desde entonces, al morir el día,
Escalo audaz las pardas
Rocas del monte, y a la obscura umbría
Voy, donde fiel a tu amador aguardas;
Y de tu mano asido,
La senda busco del oculto nido;
Y donde en breve espacio el bosque cierra
Nuestro horizonte con sus verdes velos,
Evoco los recuerdos de la tierra
Y tu las esperazas de los cielos.
LOS PRESENTES
l
-SI pudiera encerrar, manso y cautivo,
En la jaula de oro al trinador bulbul!
!Si en su vuelo inconstante y fugitivo
Pudiera asir la mariposa azul!
!Si encontrase en las minas de Golcona
El diamante mayor nacido allí!
!Si en el mar de Ceylan puliese la onda
Las perlas mas hermosas para mi!
!Si la rosa oriental, cuando mas arde,
Me prestase su aroma y su arrebol!
!Si alcanzase la estrella de la tarde!
!Si pudiera robar un rayo de sol!
Como en comedia de tramoya y magia,
Donde no hay imposibles por vender,
O en cuento de Aladino que presagia
Maravilloso triunfo ala mujer,
Cuanto nos dan naturaleza y arte
Te lo ofrecería en arras de mi amor;
Mas no puedo servirte ni halagarte:
!Yo no soy mas que un loco soñador!
II
-Vacías, es verdad, tus manos veo;
Mas no te aflija tan amargo afán.
Esos delirios que forjo el deseo,
¿Piensas que para mi nada valdrán?
Flores, pájaros, perlas, luz del día,
Oyéndote dichosa recogí;
Todo lo que ideó tu fantasía;
!Todo lo que soñaste para mi!
Extasiada en sus vivos resplandores
Quede, como la abeja ante la flor.
¿Tus sueños, no han de ser deslumbradores,
Si son los sueños que soñó el amor?
No llenaran tus joyas mis joyeros;
No alfombraran mis flores tu Jarrín;
A tu reclamo estrellas y luceros
No bajaran del cielo confín.
Pero, de este, de aquel, o de otro modo,
Estos presentes, que mi orgullo son,
Llenaran para siempre todo, todo,
Todo mi enamorado corazón.
LAS ALAS
No envidio tus fuertes alas
Por mas que el vuelo remontes,
Águila que audaz resbalas
Por las esplendidas salas
De los amplios horizontes.
Ni muestras plumas ligeras
Tampoco tender anhelo,
Golondrinas pasajeras,
Que ganáis de un solo vuelo
Las africanas riberas.
El alto cielo y el mar
Cruzad a vuestro placer;
Celos no me habéis de dar,
Pues ni ansió mares surcar
Ni rayos del sol beber.
Paloma de vuelos suaves,
Solo a tí las alas ido,
Pues en el valle florido
Desplegarlas no mas sabes
Para volar a tu nido.
DESLUMBRAMIENTO
Dime, dime, alma mía:
¿De donde vienes fatigada y triste?
¿Do te llevó la loca fantasía?
¿Que es lo que lejos de la tierra viste?
Mas allá de estos estrellados cielos
Cuyos cerúleos velos
Mi obscura mente a penetrar no alcanza,
Y donde tienes los audaces vuelos
A la dudosa luz de la esperanza,
¿La fuente hallaste, para el hombre ignota,
Donde el raudal de la hermosura brota
Y engendra en sus espumas
La Venus ideal de la bella flota
De la ilusión entre las blancas brumas?
¿Viste al astro brillar, cuyos reflejos
Bañan quizás con pálidos fulgores
Los que mira perderse allá a lo lejos
Mi codicioso afán, sueños de amores?
¿Por que, alma mía, callas?
¿Por que, alma mía, callas y suspiras?
¿En el humano idioma voces no hallas
Para pintar el luminoso cielo
Que ante tus ojos dilatarse miras,
Ya desgarrado para siempre el velo?
Mas !ay! !ocioso anhelo!
¿Por que una voz de dócil le conteste
Pide mi afán a tu dolor profundo,
Si deslumbra por la luz celeste
Ciega y muda volviste al bajo mundo?
PÁJAROS ESPANTADOS
En un rincón del huerto
Oigo a todos los pájaros cantar.
Sorprender quiero el magistral concierto,
Me aproximo pausado, con pie incierto,
Y los pájaros echan a volar.
Fantasías, quimeras e ilusiones
Cantan en mi alma tímidas canciones;
Mas si, halagado por el dulce son,
Quiero entender su misterioso acento,
Vuelan las cantadoras al momento,
Y mudo se me queda el corazón.
EN EL SILENCIO DE LA NOCHE
CORONADA de estrellas
Descienda ya la noche en vuelo blanco,
Y en pos va de sus bellas
El bello numen del tranquilo sueño,
En su diestra agitando
Marchito ramo de letal beleño
Goza el reposo que el Señor te envía,
!OH mundo! Y tú, despierta, !OH alma mía!
Callad, brisas de Abril, que engañadoras
Llenáis las selvas de suspiros vagos;
Callad, Callad, OH ráfagas sonoras
Que resbaláis sobre tersos lagos;
Y tú que endulzas las nocturnas horas,
Suspende un punto, ruiseñor los trinos.
Callad, y cuando todo en dulce calma
Reposare, con vivo anhelo
La voz que vuela desde el alma ala cielo,
Y la que viene desde el cielo al alma.
LA ESPERANZA
Jamás la tierra impura
Hollaste, oh virgen. Bañan los reflejos
De la luz soberana tu hermosura,
Y ostentando triunfal etéreas galas,
Me apareces fantástica a lo lejos,
Siempre extendidas las veloces alas.
¿Por que pasan los años
Sin que a tus labios la sonrisa roben,
Y superior a los fatales daños,
Siempre bella te admiro y siempre joven?
¿Por que entre nubes de zafiro y rosa
Te veo siempre sonreír dichosa,
Mostrándome entreabierta
La que anhelante busca el alma ansiosa
Del feliz porvenir dorada puerta?
Mi breve aurora desmayada aún brilla,
Y mustias miro ya todas las flores
Que del camino recogí en la orilla.
A mi paso, sus ramos protectores
Deshoja la arboleda;
Lúgubre gime la que fue auro leda,
Y vertiendo en mi frente el postrer rayo,
Entre las sombra del otoño rueda
Pálido el sol del luminoso mayo!
De cuanto loco ame, ya nada existe,
Y tu sola, visión de mis ensueños,
Tan pura brillas en mi ocaso triste
Como en los días de mi Abril risueños!
¿Por que tu dulce imagen no abandona
Jamás al alma herida?
¿Quien a tus sienes ciñe la corona
De inmortal juventud y eterna vida?
¿Verdadera o mentida
Es tu beldad?!Quien sabe! El rudo agravio
De la duda perdónale a mi labio:
Quizás para mi amor guardados tienes
Los que me brindas !ay! lejanos bienes;
Mas, aunque tu atractivo también fuera
Engañosa quimera,
¿No has de ser a mis ojos siempre hermosa,
No te he de amar mientras aliente y viva,
Si estrechar nunca pude, fugaz diosa,
Entre tus brazos tu bella esquiva? |